
YO
Quizá no el tacto más cuerdo pues quedó el latido de tantas voces, hiladas en mi esencia.
Aquí estáis, os quedáis conmigo. Todas las huellas que vinieron y, después, se han ido.
Porque sois todos y son todos esos extraños ciclos y momentos, los que han moldeado mi mano.
No lo puedo explicar ni con verso ni con pluma, pues sabe en la boca y perfuma en la Luna.
No puedo encontrar esas líneas que definan mi etiqueta, pues más que palabras soy un latido al son de todos.
Entre el cielo y la tierra, entre el gris, el blanco y el negro. Entre el iris y el arco he danzado intentado alzar la idea impecable.
Mis páginas han quedado impresas con vuestra firma, y el libro ha crecido en cada uno.
Gracias por ello, amigos o maestros. Sois todos y todas esas curiosas vivencias.
Este poema surge al pensar en qué escribir en el apartado «Sobre mí». Asi nacen mis poesías, de una idea como si fuera la arcilla que las modela. El haberme embarcado después de tantos años modelando la idea de este viaje, ha desembocado en la sencilla reflexión que contiene la poesía. Cuando creo mis ilustraciones y las transfiero, cuando pinto o sublimo, cuando dibujo, cuando me viene una historia o una melodía, me doy cuenta de que soy un latido más entre muchos. Cuando en este viaje he necesitado tantas veces la ayuda de otros, habiendo intentado ser siempre tan independiente para trabajar, me he dado cuenta de que estoy hecha de partes imprescindibles de otros que laten en mí. Y eso es bonito. Quizá contradictorio, para ser independiente y único necesitas de los demás. Os dejo otra poesía:
Tengo vuestras sombras que son las mías, pintadas sin permiso en mi mirada. No ha sido la intención adecuada, no ha sido como debería. Se ha ralentizado ese ingeio que antaño se tornaba cuerdo, ya no es bueno en los ojos, y nos míos, los vuestros. Un respiro a la voluntad torcida, que se mezcla con las anteriores: raras, amargas, escupen y retuercen invisibles, oscuras e invictas. Bailad, bailad conmigo mezquinas sombras, pues entre estas letras me hago fuerte, bailad, cantad y hablad con ellos, porque al final se levantará lo inerte. Con la noche desnuda cayendo entre mis dedos, recuerdo todas vuestras voces agenas y tardías. Cantan bajo un tiempo que antaño sabía a credo, como la promesa que tuerce la noche en día. Al veros suceden ecos diferentes, que tientan la transformación en un retrato, vago, frío, ostentoso y nada elocuente. Pero tras todas estas cartas que no vi llegar, un esbozo se dibuja en esa compleja palabra tachada. Fue extraña buena y candente, más se me escaparon muchas moralejas, pues al escribirlas temblaba mi historia, y no pude más que convertirla y cargarla de frente.

